Comenzando con el tercer año del
profesorado de Matemáticas, tuve que cursar Residencia en EGB3. Para poder comenzar con este desafío, el cual
era saber si podía pararme frente a un curso con personas que nunca vi para
realizar un proceso, que, sistemáticamente, nunca realicé.
Al concurrir al establecimiento, nos
encontramos con directivos dispuestos a ayudarnos y a colaborar con las tareas
que debíamos desarrollar, pero también nos exigían compromiso, responsabilidad
y que nos comportáramos como futuros docentes.
Luego de esta charla, nos presentaron a cada uno de los profesores que nos cederían su
curso para poder realizar las prácticas de enseñanza. El docente
al cual fui asignado, era una persona mayor, además se lo veía muy
serio, con un aspecto de profesor de la antigua escuela (autoritario, con poca paciencia,
etc.), pero al mismo tiempo inspiraba mucho respeto. Al comenzar la charla, me
sorprendieron dos cosas: una es que era una persona totalmente diferente al que
yo me imaginaba (abierta, amable, muy predispuesto al dialogo y respetuosa,
etc.) con características muy opuestas a lo que su imagen me decía. Mientras él
me orientaba, pensaba como es que siempre prejuzgamos y casi nunca acertamos en
nada. Lo segundo fue lo que, al final de nuestra conversación aclaró, y me dejó
un poco desorientado, sin saber que haría y casi sin respuesta. Al final de su
discurso señaló: ¨No tengo problemas en
que hagas tu residencia en mi curso, pero la semana que viene me jubilo y no
vengo más.¨ Casi sin pensarlo dije ¨Sí,
no tengo problemas¨ sin avaluar si sería capaz de poder llevar adelante
este desafío. Luego este me dio todas las indicaciones de cómo seguir clase por
clase, los temas, tiempos, fechas y horas que quedaban de clases, antes de fin
de año, programa, etc. Inmediatamente después y sin terminar de digerir esta
información, hable con el director, ¨Yo
no tengo problemas en hacerme cargo de este curso, pero ¿cuando algún profesor
tomará las horas de este curso?¨ le pregunté casi suplicando que sea lo
antes posible, a lo que me respondió ¨Y
esto lleva tiempo, de todos modos, te voy a pedir que si aceptas ayudar a los
chicos de este curso, antes de cada clase me pases la planificación
correspondiente, de ahí en más va a depender de vos, yo te voy a ayudar, pero
tarde o temprano vas a tener que pasar por esto¨. Entonces vi la
oportunidad de sacar muchas cosas positivas camino hacia mi futura profesión.
Así de una manera inesperada comencé con esto, que no
solo lo veía como mi futuro trabajo y que después de esta vivencia, lo entendí
como un estilo de vida y lo más importante, mi granito de arena, el que tengo
la obligación de dar, para contribuir a mejorar la sociedad, que más adelante
mis hijas tendrán que transitar. Además de demostrarle a mi familia que podía
lograrlo, dejando en claro que se pueden conseguir las cosas, con esfuerzo
dedicación y sobre todo con vocación.

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