En una de las tantas materias que teníamos en primer año se
nos presenta la situación de demoras al comienzo de clases, pero esta vez no
por parte de los estudiantes , que es casi en todo los casos la situación más
común. Comenzábamos el primer día de clases de la materia y el docente se
retrasa entre 20 y 30 minutos al horario establecido de clase. Esto nos pareció
raro y pensamos que le había surgido un inconveniente que causo su demora.
La clase siguiente, todos llegamos a horario sin dudarlo,
pero el docente vuelve a llegar con
demoras. A medida que trascurren las semanas nos vamos dando cuenta que el
docente no llega al horario establecido de clases y que su demora ya no es por
algún problema extraordinario sino por una decisión individual. Al encontrarnos
con esta situación, nos vamos tomando el atrevimiento de llegar con demoras al
horario establecido, y aunque llegamos con retraso lo hacemos antes que él, en
muy rara ocasión él llega antes que nosotros.
Ya habiendo trascurrido varios meses. Mientras esperamos al
docente pasa una situación media rara. El regente de la institución entra al
salón a buscar al docente. Ya habían pasado como veinte minutos desde que debía
haber comenzado la clase y no lo encuentra. Pregunta - ¿Ya llego? y una
compañera responde - No. Se lo ve medio
intranquilo, y hace otra pregunta - ¿Es normal el retraso del docente? , y la
compañera responde - Si. El regente sale del salón medio mal humorado. Al cabo de unos minutos
ingresa el docente al aula con cara de enojo, una mirada rara y atrás de él
ingresa el regente. La clase se torna en una situación rara. El regente se
siente en el fondo del aula, como espectador, y el docente empieza a realizar
su magia con cara de “esto no
es una dictadura, no me merezco la auditoria”. La clase estaba un poco tensa, había pasado algo en el trasfondo
entre ellos que se notaba a la legua. Más allá de la tensión que se genero y de
la presencia del regente el profesor se luce en su clase.
Todos
sabíamos que iba a pasar. Llego el día, era inevitable, la tensión fue parte de
la lección. Seguramente el regente sabía que el profesor se iba a lucir en su
clase pero igual su presencia era marcadora de la postura institucional y la
responsabilidad que se espera de un futuro profesional. La clase llega a su
fin.
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